domingo, 9 de junio de 2019

Yo soy gilipollas.

Hoy, en "Yo soy gilipollas, cosa que me da lo mismo, porque sólo soy gilipollas de lunes a viernes, los sábados y los domingos" (gracias, Mojinos Escozíos): me encontré un bulto rojo en el pecho.

     El pasado viernes me dirigí a hacer mis abluciones (vamos, que me iba a duchar), cuando, al quitarme la camiseta de Loquillo con la que protegía mi cuerpecito serrano, en el espejo de la ducha vi algo horroroso: tenía un bulto visible y rojizo en el pecho izquierdo, y me picaba muchísimo. Padeciendo de ansiedad crónica como padezco, os dejo imaginar el bonito ataque que sufrí, y la llantina inmediata que me dio. Como un cuarto de hora más tarde, después de que mi desayuno hubiese hecho el camino inverso y yo casi me deshidratara llorando en recuerdo de la persona con la que compartí la matriz y que nos dejó víctima de eso que en los periódicos dan por llamar "una larga enfermedad", una voceciiiiita en mi cabeza pareció llamar a la puerta de mi aturdida consciencia y ésta, muy educada, le permitió pasar.

    "Buenos días, Dita de mi corazón", dijo la vocecita. "¿Recuerdas que tú duermes sin camiseta, con las ventanas abiertas, que es verano y que, durante tu irregular y poco satisfactorio sueño nocturno, te hacen brincar como un perro de caza muchas cosas y una de ellas, es el irritante soniquete del vuelo de los mosquitos....?". Ahí me sacudí un guantazo en la frente estilo Colombo, y decidí esperar antes de hacer mi testamento y legar todos mis bienes a los gatos sordomudos, como era mi primera decisión.

    Como podréis suponer, el "bulto", para ayer casi había desaparecido. Porque no era tal bulto. Era una estúpida picadura de mosquito vulgaris, ni más ni menos. Sí. Como decía al principio, soy gilipollas. Qué le vamos a hacer, de todo tiene que haber en este mundo.

   Como no puedo poner una foto de mi pecho, porque la censuraría medio internet y me inundaría a  fotopollas el otro medio, pondremos una foto de Rik Mayall para recordarle en el quinto aniversario de su fallecimiento. Un cómico sencillamente genial, y un actorazo de la cabeza a los pies. Nadie puede estar muerto si nos quedan sus poemas.


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